Hace unos años, el artista mexicano Fernando Llanos lanzaba el mediometraje Kuri (deidad purépecha del fuego), donde un fugón de Coca-Cola ardía como símbolo de la revuelta popular que el documental sitúa en la provincia de Michoacán, de la que es oriundo. Por aquel entonces, Fernando participaba en la programación de la IX Bienal Iberoamericana de Obra Gráfica «Ciudad de Cáceres», revisitando la historia de la invasión americana como si la campaña hubiera sido en dirección contraria a la que fue, a través de un taller de dibujo especulativo junto al extremeño Daniel Muñoz. Mientras, es probable que Abel Jaramillo atisbara ya el fuego en algunos de sus proyectos, a la par que configuraba su colaboración en Cáceres Abierto a través de la exposición Nos han impuesto hasta el paisaje, un diálogo con el proyecto Spanish Village del fotógrafo estadounidense Eugene Smith, para reflexionar en torno a cómo nos reconstruyen otros. Esta colección de fotografías realizadas en Deleitosa el verano de 1950 mostraba una versión de la vida en esta población extremeña, sin reparos a la hora de forzar escenas en favor de un alto grado de exotismo que le asegurase las páginas de la revista Life. Algunas de estas fotografías se encuentran en la colección del MEIAC, otrora cárcel franquista, que ardió en plena transición tras un motín que acabó con los presos en el tejado. Interesado por este fuego, Abel recupera la Roma ardiente de los decorados quemados en la Cinecittà, también de origen fascista, a principios del siglo XXI, como conexión durante su estancia en la Academia de España en Roma y fórmula para recurrir de nuevo a su territorio, mediante la acción artística en la azotea de la Academia. Así, el compromiso que Fernando Llanos mantenía con Michoacán desde Cáceres, la ficción documental como medio y el fuego como eje transversal, remiten tan circunstancial como narrativamente a la implicación de Abel Jaramillo con su territorio, al uso de la ficción como lenguaje metadocumental y a la revisión de sus últimos proyectos a través del fuego en su nueva individual en la cacereña Sala de Arte El Brocense.