Al menos el azar y la ficción, ya sea literaria o audiovisual, han demostrado que todo accidente que vincule un nexo personal, por muy mínimo que sea, puede llegar a ser vinculante. Cualquier roce, puede terminar en fricción, y cualquier fricción puede degenerar en herida, cicatriz y rencor. O diametralmente opuesto, justo lo contrario, cualquier encuentro azaroso puede terminar en amor o amistad, ese vínculo del que tanto dependemos para vivir como seres sociales, comunitarios y gregarios.
El vínculo, nos une y nos separa. Sobre cómo se entretejen esos vínculos, varias ciencias humanísticas se han especializado, la psicología, la sociología, la antropología y parte de la filosofía, se han detenido en estudiar cómo trazamos ese tapiz que nos estructura internamente y -a la vez- nos cubre y protege de la voraz superficie.
Dicho esto, quisiera detenerme un instante en tratar de aclarar un malentendido, que no me toca, pero el cual puede que, con cierta ligereza, sí me roza de soslayo.
Hace cosa de unas semanas en el campo artístico español se destapó una crisis por comentarios y trifulcas virtuales entre dos activos agentes de nuestra comunidad, hablo de la polémica entre Fernando Castro Florez y Fer Francés, el comisario, crítico y profesor universitario de larga trayectoria, de más de tres décadas y el joven galerista director de la galería madrileña Veta, localizada en el barrio de Carabanchel. En dicha polémica, iniciada por la mecha de un comentario desproporcionado del galerista sobre cómo toda la crítica esta pagada, y por ende, está vendida al mejor postor; levantó las ronchas de todos los colegas que se sintieron aludidos, especialmente porque el galerista hizo referencia directa a un prestigioso periódico nacional, el ABC. Entre cuyas filas se encuentran autores del nivel de Javier Díaz Guardiola, Carlos Mayordomo, Miguel Cereceda, Marisol Salanova, Fernando Gómez de La Cuesta, Nerea Ubieto, Adonay Bermudez o el propio Fernando Castro. Y los comentarios fueron desafortunados por parte del galerista, porque achacaba la falta de crítica y promoción y visibilidad de su proyecto galerístico, porque no jugaba al juego de pagar a esa crítica por su atención.