La propuesta inmersiva Wetlands de la artista Paula Santomé (Vigo, 1994), acogida en el emblemático Palacete del Embarcadero de Santander bajo el comisariado de Chus Martínez, constituye una honda reflexión sobre la metamorfosis del cuerpo, la memoria ancestral y los debates actuales del ecofeminismo. Como analiza la crítica Carmen Quijano, el proyecto transforma la arquitectura del espacio marítimo en un entorno liminal bañado por una atmósfera monocromática de tonalidades rosáceas, donde la escultura se erige en un territorio ritualizado de indagación ontológica.
En el centro de esta praxis radica una cuidada investigación matérica articulada a través del repujado de aluminio, técnica tradicional que Santomé deconstruye para dotarla de una contundente dimensión contemporánea. Las formas escultóricas que emergen en el espacio evocan el arquetipo de la Diosa Madre y las cosmogonías matriarcales primigenias, articulando un diálogo entre la fragilidad y la resistencia del soporte metalizado. La piel, el paisaje y el agua se mimetizan en un ecosistema híbrido que cuestiona la separación cartesiana entre naturaleza y cultura, situando la vulnerabilidad del cuerpo femenino en el centro de la ecuación ecológica.
Con documentación fotográfica a cargo de Miriam Mora, la muestra en Santander trasciende la mera instalación contemplativa para consagrarse como una experiencia multisensorial. La propuesta de Paula Santomé plantea así un firme alegato por la restitución de los afectos, los cuidados y los saberes ancestrales frente a las lógicas de explotación del territorio, consolidándose como un hito indispensable en la reciente escultura contemporánea en España.



Texto de Carmen Quijano en el número #5 de Segno.

