Tipificar lo singular. Una historia de fotografía contemporánea

Por Julio C. Vázquez Ortiz

Analizar lo cotidiano desde un proyecto de origen fotográfico conduce irremediablemente hacia su contrario, lo extraordinario; congelar un instante en una imagen permanente enfatiza su carácter excepcional. Este juego de contrarios se revela como la motivación del fotógrafo documental desde finales del siglo XIX y principios del XX, momento en que se abandona el pictorialismo para abrazar la calle como escenario y trascender lo intrascendente, transformándolo en antropología y la arquitectura en arqueología.

Iniciado en 2018 en Cáceres, el proyecto Lo cotidiano del fotógrafo Tete Alejandre ha recorrido el oeste peninsular a ambos lados de la Raya hispanolusa, encontrando su principal foco de inspiración en la población portuguesa de Costa Nova. Sus características arquitecturas populares —las icónicas fachadas rayadas de los palheiros— son catalogadas por el autor para generar una tensión constante entre la singularidad del objeto y su ordenación tipológica. Estas dualidades (efímero/eterno, cotidiano/extraordinario, singular/tipológico) constituyen valores inherentes a la historia reciente de la fotografía contemporánea.

La exposición, que tras una trayectoria de ocho años recala en el Museo Pérez Comendador-Leroux de Hervás (Cáceres) —donde dialoga con la colección Ángel Duarte—, sirve de punto de partida para revisar las genealogías visuales de la disciplina. Proveniente de la Street Photography y con unas primeras etapas en blanco y negro de impronta bressoniana, Tete Alejandre evoluciona hacia el uso decisivo del color y la edición digital sin prejuicios. A través de este tratamiento informático, el artista estira los límites cromáticos para construir planos abstractos que resuenan con la tradición de Rothko, Mondrian o Daniel Buren, integrando la lección de la abstracción pictórica en el registro documental.

Esta estrategia procesual emparenta directamente con la herencia de la Escuela de Düsseldorf y autores como Thomas Ruff y sus célebres Häuser. Aunque el proceso de subjetivación y alteración digital aplicado por Alejandre se distancie de la objetividad estricta propugnada originalmente por Bernd y Hilla Becher, su empeño en tipificar y elevar las arquitecturas populares a la categoría de icono actualiza y reformula los principios de la escuela alemana.

En última instancia, la propuesta de Tete Alejandre se inscribe en la noción de fotografía expandida, incorporando códigos, soluciones y referentes procedentes de la historia del arte para superar las limitaciones del propio dispositivo fotográfico. Un ensayo visual que oscila entre el homenaje y el distanciamiento crítico, emancipando la imagen de la mera catalogación técnica para consolidarla como un auténtico lenguaje de pensamiento estético.

Texto de Julio C. Vázquez Ortiz en el número #5 de Segno.

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