La Botiga-Taller de Majoral en el Pilar de la Mola presentó en Formentera PLOM PLÀSTIC PLATA, un collar diseñado por Miralda que recupera los soldados de juguete presentes en sus primeras obras para trasladarlos, mediante la plata y el contacto con el cuerpo, a un nuevo territorio crítico.
El pasado 23 de julio, la Botiga-Taller de Majoral en el Pilar de la Mola, Formentera, acogió la presentación de PLOM PLÀSTIC PLATA, la nueva colaboración entre la firma de joyería y Antoni Miralda. Ante el público reunido en el taller, la pieza fue mostrada junto con materiales audiovisuales que permitían relacionarla con uno de los motivos más persistentes en la primera etapa del artista: los pequeños soldados de plástico.
La colaboración se integra en Creat amb…, un proyecto mediante el cual Enric y Roc Majoral entienden la joyería como un medio de expresión abierto al intercambio con otras disciplinas. En lugar de limitarse a trasladar una obra previa a un formato ornamental, el programa invita a artistas, arquitectos, músicos y otros creadores a trabajar con los materiales, las técnicas y las condiciones corporales propias de la joya. Desde 2018, la iniciativa ha incorporado colaboraciones con Gilbert Herreyns, Willie Márquez, Alfons Borrell, Erwin Bechtold, Stella Rahola, Michel Mouffe, Lina Tur o Antoni Taulé, entre otros.

En PLOM PLÀSTIC PLATA, una sucesión de pequeñas figuras militares se extiende sobre el pecho como una línea irregular de cuerpos armados. El collar conserva la reconocible silueta del soldado de juguete, pero altera su escala de valor y su relación con quien lo observa: lo que antes era un producto industrial barato, seriado y destinado al juego se convierte en una pieza de plata que se lleva directamente sobre el cuerpo.
El proyecto recupera la serie Soldats Soldés, desarrollada por Miralda en París entre 1965 y 1973. Su origen se encuentra en la experiencia del servicio militar obligatorio, que el artista realizó entre 1962 y 1966. Primero aparecieron dibujos y collages sobre posiciones, movimientos y códigos militares; después, los soldados de plástico comenzaron a cubrir muebles, objetos, fotografías y espacios públicos, hasta convertirse en una presencia invasiva dentro de su trabajo.
La repetición era fundamental. Al multiplicar una misma figura hasta ocupar superficies enteras, Miralda no representaba una batalla concreta, sino la normalización de la violencia: el modo en que la disciplina militar, el heroísmo y el patriotismo se introducen en el imaginario cotidiano a través de objetos aparentemente inofensivos. El juguete dejaba así de ser un accesorio infantil para revelar la educación bélica que contiene.
Décadas después, PLOM PLÀSTIC PLATA no se limita a reproducir aquel motivo. Su traslado al ámbito de la joyería introduce una contradicción nueva. El soldado ya no invade una mesa, una pared o una fotografía: se posa sobre la piel y acompaña los movimientos de quien lo lleva. El cuerpo se convierte en soporte, pero también en el lugar donde la carga histórica y política del símbolo vuelve a hacerse visible.
La pieza fue diseñada por Miralda y realizada artesanalmente en el taller de Majoral mediante fundición a la cera perdida. El paso del plástico industrial a la plata de ley modifica el peso, la textura y la permanencia del objeto sin neutralizar su agresividad visual. La edición está compuesta por siete ejemplares numerados y dos pruebas de artista.
Más que ennoblecer el juguete mediante el metal, la colaboración pone en tensión dos sistemas de valor: la producción masiva y el trabajo artesanal, el objeto desechable y la edición limitada, el adorno corporal y el emblema militar. La joya no oculta el origen bélico de la figura. Lo acerca, literalmente, al cuerpo.

Con esta nueva incorporación, Creat amb… consolida su condición de espacio de experimentación entre la joyería y otras prácticas contemporáneas. En el caso de Miralda, la colaboración devuelve al presente una imagen nacida bajo el franquismo y la sitúa ante un contexto en el que la guerra, la militarización y sus representaciones vuelven a ocupar el espacio público. El soldado sigue siendo el mismo; lo que cambia es el lugar desde el que estamos obligados a mirarlo.

Créditos: Fotografía: Silvia Conde. Cortesía de Majoral.

