Fotografiar el desastre y reclamar la esperanza

La exposición La casa del agua, presentada por el fotógrafo Ángel Marcos en el Museo Lázaro Galdiano de Madrid en 2026, constituye una profunda meditación fotográfica y espacial sobre la urgencia de la hospitalidad en un mundo contemporáneo fragmentado. La tesis central de esta intervención radica en la creación de auténticas «arquitecturas para sobrevivir», utilizando la imagen y la instalación para transformar la noción de la ruina abandonada en un refugio poético y crítico contra la hostilidad y el aislamiento de nuestro entorno actual.

Destaca el desplazamiento físico de una antigua caseta ferroviaria originaria de Olmedo, rescatada por el artista y reconstruida en el pórtico del museo. El contraste material y formal es asombroso: la madera humilde, tosca y desgastada de la casilla popular dialoga directamente con la rigidez metálica de las históricas armaduras de la colección noble del palacio. En su interior, Marcos introduce luminosas fotografías del agua marina, creando un habitáculo donde el exterior y el interior se confunden a través de la luz.

Esta poética de los detalles se complementa con una serie de seis delicadas imágenes de un pequeño barco construido con la corteza de un árbol, que alegoriza el viaje y el naufragio de forma constructiva, y con varias fotografías de casas de riego dispuestas sobre atriles metálicos como si fueran partituras musicales, alterando la función original de los objetos para resaltar su dignidad visual.

El artista sustituye las viejas utopías modernas por una «heterotopía» práctica, un espacio real y alternativo que, apoyándose en las teorías de Gaston Bachelard sobre la poética del espacio y de Georges Perec sobre lo cotidiano e infraordinario, disuelve los límites del marco fotográfico para construir un territorio de resistencia crítica.

Texto de Fernando Castro Flórez en el número #5 de Segno

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