Miquel García
Nadie, nunca, nada, no¹ .
Calle Arganzuela, 9, local derecha, Madrid.
26 de mayo-30 de junio
Tanto en esta exposición en Madrid, como en el resto de su obra, las heridas a las que apunta Miquel García no son sólo físicas, sino históricas y políticas. Su trabajo suele investigar aquello que permanece enterrado, olvidado o deliberadamente invisibilizado: memorias de la violencia, mecanismos de poder, ausencias en los relatos oficiales y formas de exclusión colectiva. En lugar de proponer una reparación, la imagen del humo sugiere una operación contraria: cubrir, difuminar, dificultar la visión. La herida continúa existiendo, aunque ya no pueda verse.
Las obras reunidas en la muestra tienen un hilo conductor, como una preocupación que las une, que es la persistencia de la violencia política en la memoria material, simbólica y afectiva de los cuerpos y de la historia. García plantea una aproximación a aquello que permanece latente bajo los relatos oficiales. A través de distintos dispositivos, como el archivo, el objeto, la imagen o la acción, el artista trabaja sobre las huellas que sobreviven al paso del tiempo y sobre los mecanismos mediante los cuales las sociedades recuerdan, ocultan o transforman sus propias heridas.

La exposición sólo reúne cinco obras, Clavos de plata, Auto de fe, Lista de libros quemados en 1939 en España, Exhumación n.º 3 e Inicio para una elaboración crítica, las suficientes para crear un discurso coherente para que el público pueda acercarse a hechos tan traumáticos y definitorios de la historia reciente de España. Un discurso sutil pero que no deja dudas sobre su significado. Los clavos remiten tanto a la construcción de monumentos y relatos oficiales como a restos encontrados en exhumaciones. La pieza funciona como una reflexión sobre cómo ciertos objetos aparentemente mínimos conservan la memoria de acontecimientos traumáticos.
La segunda obra citada nos recuerda a los castigos de la Inquisición, donde la condena tenía una dimensión espectacular y ejemplarizante. También, desde otra mirada, puede ser una reflexión sobre los mecanismos mediante los cuales una sociedad señala, excluye o elimina determinadas ideas, cuerpos o memorias. Pero García habla de la destrucción pública de libros y documentos considerados peligrosos, llevados a cabo después de la Guerra Civil. Una historia en enlaza con la obra siguiente, muy documental. El año 1939 marca el final de la guerra y el inicio de la dictadura franquista. La quema, retirada y censura de libros formó parte de un proceso amplio de depuración cultural e ideológica. La obra convierte un inventario en un monumento a la ausencia. Lo que se muestra no son los libros, sino la huella de su desaparición. La lista funciona como documento histórico y, al mismo tiempo, como evidencia material de la censura.




Exhumación n.º 3 se inscribe en uno de los campos de investigación más conocidos de Miquel García: las fosas comunes y los procesos de recuperación de la memoria histórica. Exhumación aquí se refiere a la recuperación física de restos humanos, pero también a la recuperación de relatos silenciados.
La última obra, Inicio para una elaboración crítica, es una propuesta metodológica. Trata la memoria como un proceso abierto que exige análisis, revisión y cuestionamiento de los relatos heredados. Frente a la idea de una historia concluida, aquí nos invita a comenzar un trabajo crítico sobre los documentos, imágenes y narrativas que han configurado la memoria colectiva.
Como explican en la propia galería, estamos ante la necesidad de realizar “un inventario de las huellas que han determinado nuestra historia política, como el primer paso para empezar una elaboración crítica” (Antonio Gramsci). Así, varias de las obras de la exposición se articulan a partir de restos, documentos y marcas materiales vinculados a episodios de violencia. Tenemos en la exposición cicatrices urbanas, libros censurados, objetos desplazados o rastros apenas visibles que sobreviven al desgaste del tiempo y a los procesos de invisibilización histórica.

Vistas en conjunto, las cinco obras parecen organizarse alrededor de una misma pregunta: ¿qué ocurre con aquello que una sociedad intenta borrar? Los libros quemados representan la desaparición de las ideas; la exhumación, la recuperación de los cuerpos; el auto de fe, la violencia institucionalizada; los clavos, las huellas materiales de esa violencia; y la elaboración crítica, la tarea contemporánea de reinterpretar esos restos, algo que se hace desde la medicina, desde la arqueología forense y también desde la cultura, desde el arte, como es el caso del trabajo de Miquel García. Es, como otras del mismo tipo, una exposición necesaria, porque es necesario que no se olvide la violencia, las desapariciones, no, al menos, hasta que todas las familias represaliadas obtengan la necesaria reparación y sepan que sus familiares descansan dignamente.
El arte, también el arte, es una forma de reparación y dignificación.

¹ No es una galería comercial sino un espacio autogestionado fundado por el artista Ramón Mateos. Realiza exposiciones, acciones, presentaciones y proyectos de arte contemporáneo experimental.

