Donde cantan los pelícanos
Artista: Carlos Nicanor
Comisaria: Dalia de la Rosa
Espacio: Espacio Cultural El Tanque
Dirección: c/ Adán Martín Menis, s/n, Santa Cruz de Tenerife
Hasta el 10 de agosto de 2026
De los dos lados de la barca han desaparecido las orillas del río. ¿Qué sería entonces este río que no
tiene medio? ¿Es solo algo adelante? ¿No navega esta barca eternamente en los límites de un no-
mundo, que ningún ancestro hubo aún frecuentado?¹
En esta imagen evocada por Édouard Glissant, la travesía comienza cuando las dos orillas dejan de ser referencias estables y las coordenadas habituales se desvanecen. Ya no existe un punto de partida ni una de llegada claramente reconocibles; en su lugar emerge un espacio de relación, un territorio en movimiento donde las identidades, las memorias y los imaginarios se encuentran y se transforman mutuamente. Entre ambas orillas se despliega una geografía inédita que no pertenece por completo a ninguna de ellas, pero que las conecta y las redefine. Este desplazamiento obliga a abandonar las certezas heredadas para adentrarse en una experiencia marcada por el intercambio, la traducción y la negociación constante de sentidos. Lejos de concebirse como fronteras opuestas, las dos orillas aparecen entonces como puntos de un mismo recorrido, vinculadas por corrientes históricas, culturales y afectivas que hacen posible la construcción de nuevos horizontes compartidos.
Donde cantan los pelícanos habita precisamente ese espacio sin orillas definidas. En esta exposición individual de Carlos Nicanor (Gran Canaria, 1974), presentada en el Espacio Cultural El Tanque y comisariada por Dalia de la Rosa, el recorrido se configura como una experiencia de tránsito en la que materia, memoria y territorio dejan de entenderse como categorías estables para revelarse como realidades en continua transformación. A partir de la residencia desarrollada en junio de 2025 en Transversia de Océan&Savane, en Saint-Louis (Senegal), el artista explora el tejido de redes de pesca como una práctica relacional que enlaza geografías distantes, haciendo visible una cartografía de vínculos, correspondencias y devenires compartidos entre Canarias y Senegal.




La exposición está claramente concebida para El Tanque y encuentra en una gran red suspendida su elemento central. Elevada desde el suelo y amarrada a los pilares del antiguo depósito, esta estructura, junto a una excelente iluminación y un sonido que impresiona, transforma la percepción del espacio. El espectador no se sitúa frente a una representación del territorio, sino que se adentra en un escenario que nos remite a topografía digital, semejante a una visualización tridimensional en wireframe de un paisaje irreconocible. La pieza desdibuja las referencias habituales de orientación y propone una experiencia inmersiva en la que el territorio deja de entenderse como una superficie delimitada para revelarse como una trama abierta de conexiones, desplazamientos y resonancias.
Junto a esta instalación principal hacen acto de presencia dos piezas que amplían y enriquecen el recorrido expositivo. Por un lado, Ndar, un gran tótem insular que reactiva el imaginario de San Borondón, esa geografía espectral cuya existencia oscila entre la aparición y el desvanecimiento. Por otro, Argonauta, una embarcación doble replegada sobre sí misma, concebida como una semilla viajera. «El vientre de esta barca te disuelve, te precipita en un no-mundo donde gritas. Esta barca es una matriz, la fosa-matriz. Generadora de tu clamor. Productora, asimismo, de toda unanimidad por venir.»² Resulta inevitable regresar nuevamente a Glissant.





Donde cantan los pelícanos –clamores, más bien- constituye una exposición sobresaliente. Carlos Nicanor, una de las figuras fundamentales del arte contemporáneo canario de las últimas décadas, reafirma su trayectoria sin estridencias, pero con una solidez cada vez más incontestable. No estamos ante una muestra improvisada: cada nudo, cada amarre y cada tensión espacial parecen responder a una reflexión paciente y rigurosa. La muestra no representa un territorio, sino que lo produce; no ofrece respuestas cerradas, sino que abre un espacio donde el pensamiento, la memoria y la experiencia permanecen en constante devenir.



1.Glissant, Édouard: Poéticas de la relación. Universidad Nacional de Quilmes. Buenos Aires, 2017, p 41.
2.Glissant, op. cit., p 40.

