Rita Rutkowski
Sala VIMCORSA, Córdoba.
8 de mayo-5 de julio de 2026
Curadoría Rafael Sillero
La vida tiene coincidencias poéticas. Algo pasa de largo y luego vuelves a conectar con
ello. Nosotros hacemos con los elementos visuales lo que los poetas hacen con las
palabras. No aportamos solo información, sino que sugerimos ideas.-Rita Rutkowski
Nacida en Londres y criada en Nueva York, Rita Rutkowski se formó en esta última ciudad, en la Cooper Union, y donde obtuvo becas importantes becas, como la del MoMA (1949) o la Fulbright (1950). Viajó por Italia y otros lugares de Europa, hasta que llegó a España y, a partir de 1961 se instaló en Córdoba.
Su trabajo, del que la exposición reúne casi centenar y medio de obras, desde las que inicia en Nueva York y culmina a su llegada a Córdoba, hasta las obras realizadas en los últimos años. Más de medio cincuenta años, a caballo entre dos siglos y dos contextos, el español y el estadounidense. La selección incluye fundamentalmente pintura, pero también podemos ver dibujos y bocetos, que nos ayudan a ver su trabajo de forma más directa, desde los inicios y el desarrollo desde las primeras ideas. Algunas no han sido expuestas nunca, otras llevan tiempo sin mostrarse y el resto constituye el legado esencial de su obra.


Durante los años setenta su lenguaje plástico había trabajado alrededor de una abstracción expresiva e informalista, pero en la década siguiente se abre formas que dejan paso a figuras apenas emergentes, imágenes urbanas y objetos cargados de densidad psicológica. Una figuración neoexpresiva de raíz existencial, procedente de una abstracción previa, con una presencia humana que emerge como signo de alienación, memoria y experiencia vivida.
Podemos entender la obra de Rutkowski como una investigación persistente sobre la fragilidad de la percepción y la densidad emocional de los espacios cotidianos. Su pintura no busca fijar una imagen estable del mundo, sino explorar aquello que se resiste a la representación: la memoria, la sensación de extrañeza, el eco afectivo que permanece adherido a los objetos y a los lugares. En este sentido, sus cuadros parecen surgir de una tensión constante entre lo visible y lo evocado, entre la materialidad de la experiencia y su progresiva disolución en el recuerdo.


Aunque en muchos de sus trabajos aparecen referencias reconocibles, como antes hemos comentado (vehículos, paisajes urbanos, arquitecturas, figuras apenas insinuadas), estos elementos rara vez funcionan como motivos descriptivos. Más bien operan como presencias desplazadas, signos de una experiencia emocional que nunca termina de hacerse completamente legible. No simples objetos representados sino escenarios de tránsito, marcas de un tiempo suspendido o indicios de una subjetividad atravesada por el desplazamiento y la incertidumbre.
Cuando se hacen trabajos como estos, la exposición de la que hablamos, siempre pensamos que estos homenajes y la posibilidad de que el público contemple las obras llegan tarde, que se deberían hacer antes. Pero no nos vamos a quedar en ese lugar común, bienvenida sea toda iniciativa cultural que nos permita acercarnos a una obra como esta, tan conocida por el público iniciado de la ciudad como desconocida por el común de la población.




