La participación española en esta 61ª Bienal de Venecia se despliega como un complejo análisis de las narrativas nacionales y periféricas frente a la fragmentación global. Bajo el título In Minor Keys, esta edición queda marcada por hitos de distinta naturaleza: desde la esperada reapertura de un Pabellón de España totalmente renovado tras su reforma estructural, hasta el ambicioso despliegue de la presencia vasca que conmemora el cincuentenario de su irrupción histórica en 1976. Se trata de una intervención política sobre la soberanía de las imágenes y la resistencia de las identidades «menores», consolidando a Venecia como el epicentro para reflexionar sobre el archivo y el territorio.
En los Giardini, el pabellón renovado acoge Los restos, una propuesta de Oriol Vilanova comisariada por Carles Guerra. Vilanova ha transformado el espacio en un «antimuseo» mediante la ocupación integral de un archivo de más de 50.000 tarjetas postales recolectadas durante dos décadas. Esta instalación, cimentada en la repetición, busca desestabilizar los relatos oficiales y exponer la propaganda visual inherente al turismo de masas mediante una iconografía deliberadamente kitsch. En paralelo, y de forma disruptiva, la performance El fantasma de la libertad —inspirada en Buñuel— se infiltra sin previo aviso entre los Giardini y el Arsenale, utilizando los cuerpos de los propios performers como soportes de imágenes para proponer una economía alternativa de la atención.
La memoria histórica tiene un peso específico en el Palazzo Contarini con el programa I Baschi alla Biennale 1976/2026. Aquí, el Artium Museoa presenta un «Caso de Estudio» que conecta hitos de 1976 —como las obras de Mari Puri Herrero o Mikel Laboa— con la producción actual de Damaris Pan e Itziar Okariz. Es precisamente la performance Irrintzi Repetición de Okariz la que logra conectar lo ancestral con lo contemporáneo, una línea de investigación que también se traslada al ámbito académico en la Universidad Ca’ Foscari.
Esa misma soberanía visual se traslada a los Cantieri Cucchini con Paper Tears, la propuesta de Claudia Pagès Rabal para los Eventi Collaterali. Bajo el comisariado de Elise Lammer y el respaldo del Institut Ramon Llull, esta instalación inmersiva prescinde de la materia física del papel para habitar exclusivamente la luz. Mediante tecnología láser y pantallas LED de carácter escultórico, Pagès rescata las filigranas del siglo XV del Museu Molí Paperer de Capellades para convertirlas en metáforas de los sistemas de control fronterizo. En este «archivo de luz», el espectador es atravesado por láseres que evocan la vigilancia geopolítica, vinculando las rutas comerciales históricas con las crisis migratorias actuales.
Esta presencia se completa con la descentralización del talento que representan los alumnos de ADEMA en el Palazzo Bembo, respaldados por el Govern balear. Entre el pabellón nacional, la contundente impronta vasca y el impulso a las nuevas generaciones, España articula en 2026 un discurso sólido sobre el archivo, la identidad y la capacidad del arte para diseccionar nuestra historia colectiva.

