Wolfgang Hollegha: El refugio cromático y la mirada ibérica de un maestro de la abstracción

Más allá de la vanguardia vienesa, el pintor austriaco forjó un vínculo inquebrantable con San Pedro de Montes, el románico y la literatura del Siglo de Oro, definiendo una etapa vital de su producción artística.

«Denk nicht, schau!» (¡No pienses, mira!). Este imperativo encapsula la filosofía visual de Wolfgang Hollegha, pionero de la abstracción pictórica. Y detrás de esa mirada instintiva se esconde una profunda relación con España, un país que no sólo transformó su paleta, sino que se convirtió en su retiro vital y creativo.

El idilio comenzó en 1981, durante un primer viaje al norte de la península motivado por su interés en el arte románico. Tres años más tarde, en 1984, el impacto arquitectónico y paisajístico de la iglesia románica de San Pedro de Montes, en la comarca de El Bierzo (León), le llevó a adquirir una casa de piedra con porche en la misma localidad. Desde esta base, Hollegha exploraba también la geografía gallega, sintiendo una particular fascinación por las formaciones rocosas y la bravura del mar.

El año 1986 marcó un hito en su relación con el tejido cultural del país. El Centro Cultural Conde Duque de Madrid acogió la exposición Vienen de Viena, en la que participó junto a Moje Menhardt y Josef Mikl. La muestra itineró posteriormente por centros culturales en Valencia, Valladolid y Zamora. Aquel tránsito por la capital española dejó una huella indeleble en su obra: a su regreso a Austria, pintó un lienzo monumental de 2.50 x 2.60 metros titulado, precisamente, «Madrid». El propio artista reconoció que el uso inusual de colores extremadamente vivos y fuertes en esta pieza fue una consecuencia directa de las influencias visuales absorbidas durante su viaje.

A partir de ese momento, la rutina de Hollegha quedó ligada a El Bierzo, realizando viajes regulares para acondicionar y ampliar su vivienda mediante la adquisición de casas vecinas. Sus estancias se estructuraron en dos temporadas anuales: abril-mayo y octubre-noviembre. El entorno rural proveía los «motivos» a partir de los cuales destilaba su gestualidad abstracta: castaños, cestas, nudos de sogas y cepos formaban parte del inventario visual de su estudio. La necesidad de un espacio adecuado para la creación de gran formato le llevó a transformar una de las edificaciones en un estudio, al que incorporó un gran lucernario en la cubierta; unas obras que concluyeron definitivamente en 1996.

La inmersión de Hollegha en la cultura española fue profunda y transversal. En cada trayecto que le obligaba a pasar por Madrid, el pintor cumplía con un rito ineludible: visitar el Museo del Prado para estudiar incansablemente las obras de Velázquez, El Greco y Goya. Paralelamente, cultivó un intenso amor por la literatura del Siglo de Oro español, disfrutando asiduamente de la lectura de Francisco de Quevedo, Lope de Vega y Miguel de Cervantes.

La vitalidad del artista le permitió mantener este ritmo de viajes a España hasta el año 2019, habiendo cumplido ya los 90 años. Fue la irrupción de la pandemia de la Covid-19 la que obligó a suspender su estancia de primavera de 2020. A pesar de que su voluntad de regresar a San Pedro de Montes se mantuvo intacta hasta su fallecimiento en diciembre de 2023, su estado de salud le impidió volver a cruzar el estudio bajo el lucernario. La figura de Wolfgang Hollegha emerge no sólo como un pilar de la vanguardia europea, sino como un creador cuya sensibilidad supo traducir el pulso de la materia rural española, la luz del románico y la agudeza del Siglo de Oro en una energía cromática de trascendencia universal. Su hijo Daniel Hollegha y la exposición del Museum Reinhard Ernst en Wiesbaden nos muestran su estudio y su obra en este video:

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