Del álif a la zain. Arte caligráfico en movimiento

Casa Árabe, Córdoba
c/ Samuel de los Santos Gener, 9
Del 5 de marzo al 2 de julio
Curadoría de Toufik Douib, con la participación de Hamed Abdallah, Idriss Azougaye,
Nasreddine Bennacer, Akram Idris, Anissa Lalahoum, Mosa One, Shareef Sarhan,
Bahia Shehab, Sarah Smahane y Haythem Zakaria.

Como siempre, visitar la sede de la Casa Árabe en Córdoba es un tremendo placer para los sentidos y desde luego para la inteligencia y el sentido crítico. Entrar por la puerta y pasear por patios y galerías es una experiencia que se puede disfrutar en pocos lugares. Pero, además, las propuestas expositivas son siempre acontecimientos que te permiten pensar y ejercitar ese sentido crítico y el compromiso social/político. Independientemente de que las museografías están siempre muy cuidadas.

La exposición colectiva Del álif a la zain nos habla en un primer plano de la creatividad y la evolución de la lengua árabe, también en la actualidad, en Oriente Medio y en el norte de África, así como en el ámbito internacional y, lógicamente, con Córdoba, con su pasado y su presente. Desde el punto de vista más artístico, más creativo, los artistas participantes hablan de la noción polifacética de la “arabidad”, son voces que reflejan la diversidad y las perspectivas que configuran la expresión árabe y el legado de su escritura. En la exposición la lengua no establece sólo como un vínculo con el patrimonio, es también una herramienta de creación, de transmisión y resistencia, especialmente de resistencia en un mundo marcado por complejas tensiones geopolíticas… y mucho más en el momento en que nos encontramos.

La cultura nos habla de libertad, de empatía, de acompañamiento a los y las que peor lo están pasando. Nos habla de igualdad, nos habla de fraternidad y sacrificio y esto, la cultura como herramienta, en el mundo actual es muy necesaria y mucho nos tememos que cada vez va a ser más importante para mantener o reconstruir una sociedad de paz y libertad. No podemos olvidar que la cultura no es eso que hacemos en nuestro tiempo libre, sino lo que nos hace libres todo el tiempo.

Así, cada obra que nos encontramos en las paredes en un llamamiento, a esa libertad, pero también a la acción, a no quedarnos mirando sino a actuar. Obras como El Salan, de Nasreddine Bennacer, forma parte de tres piezas, tres cometas, que llevan por título La ternura, El amor y La paz. En respuesta a la situación actual la cometa es el símbolo de la infancia, el juego y la ligereza, que nos llevan a una vida tranquila, la de la infancia. Esta obra y lo que cuenta se enfrenta a otra obra que es como el contrapunto, la otra cara, la imagen más desgarradora, la de los y las que mueren en el intento de buscar una vida mejor. Respiro bajo el agua, del mismo artista, reproduce la transcripción de una carta que se encontró entre las ropas de un migrante muerto en el viaje. “Lo siento, mamá, el barco se hundió y no llegué. No podré pagar las deudas contraídas para pagar la travesía…” Esto nos recuerda que tantas veces viajan físicamente solos, pero van con toda su familia y con toda su comunidad, que paga ese viaje para que la mejora en ese mundo de promisión repercuta en el bienestar de todos y todas.

Así podríamos analizar todas las obras expuestas, como la de Idriss Azougaye, Cuando Oriente se encuentra con Occidente, un puente que une obras maestras europeas con tradiciones literarias árabes, o la tal vez más personal Entremedias, de Sarah Smahane, una “Bent El Ghorba” (descendientes de padres marroquíes en el extranjero), que realiza una especie de arqueología en las imágenes familiares, buscando orígenes e identidad. Hay en estas obras identidad y pertenencia, resistencia política y social y diálogo entre tradición y modernidad.

Lo importante de la exposición es, como decimos, la creatividad, el sentido estético, por su puesto, pero es igualmente importante -o más- esa enseñanza de cómo la cultura teje un pasado común y puede construir un futuro en el que estemos juntas y juntos, compartiendo aquello que nos une y suavizando lo que nos separa, y que eso que nos separa sea también riqueza que nos aporta y nunca debe ser elemento de fricción.

La cultura nos hace libres, la cultura nos hace iguales.

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