La exposición Lo que no se ve, de la artista mexicana Gina Arizpe (1972), es el séptimo proyecto que comisaría José Jiménez, dentro del ciclo “La expresión iberoamericana”. Se puede ver en el Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo (Badajoz), del 17 de octubre de 2025 al 29 de marzo de 2026.
Arizpe realiza siempre un trabajo profundamente comprometido con los asuntos social- políticos, desde una práctica corporal, que busca hacer visibles los problemas que a menudo puede pasar inadvertidos en la sociedad contemporánea, pero que reclaman de todos y todas un compromiso político y ético. Con medios diferentes como acciones, performances, instalaciones, fotografía o dibujo, su obra reflexiona sobre las vulnerabilidades, las desigualdades y las formas de violencia que ejercen sobre cuerpos y sujetos marginados.

Así son obras como Nombres y coordenadas (2020), una serie en la que escribió los nombres de mujeres desaparecidas o asesinadas en los distintos estados de México, trazándolos en tinta roja sobre papel para transformar datos estadísticos en memoria humana y presencia, o la acción/instalación A ras de suelo (2021), donde plantea la problemática de la desigualdad social, la invisibilidad laboral, la migración y la violencia contra las mujeres. El título hace referencia a cómo estos problemas quedan a menudo “a ras del suelo”, sin ser vistas ni escuchadas.
Siguiendo este tipo de trabajo, sobre estos temas tan necesarios de abordar desde las creaciones culturales, José Jiménez ha creado una narración bajo el título Lo que no se ve, planteado como una exposición de tesis en la que Jiménez consigue mostrar, con sólo trece obras, un a modo de síntesis de todo lo creado por la autora en los últimos años, también atendiendo a mostrar muy correctamente los diferentes soportes con los que construye sus narraciones, desde 2013, para proponer una reflexión crítica sobre esos temas fundamentales de su obra que comentamos: lo oculto, lo silenciado y lo invisibilizado en nuestras sociedades contemporáneas, especialmente las experiencias sociales y cuerpos que han sido marginados y que lo siguen siendo, por una o múltiples razones.

Recorrer la exposición, que ha contado con el comisariado técnico de Rocío Nicolás, no es como ir pasando de una obra a otra, no es un visitar museos, sino estar dispuesto/a enterarte de lo que te van a contar. Es más, de saber que, desde cada obra, te van a exigir que tomes partido, que te impliques, allá donde estés, en la defensa de aquellas personas que son maltratadas y marginadas por múltiples razones y en cualquier lugar del mundo. Esta toma de posición sobre lo que ocurre en cualquier lugar lejano, pero, sobre todo, en lo que les está pasando a personas de tu ciudad, de tu barrio, de tu calle. Eso es compromiso social/político y eso es lo que nos pide la artista y el comisario. No podemos salir de una exposición así como quien ha ido de paseo a ver el paisaje, no es ahí donde estamos ya. Más bien nos invita a pensar cómo los cuerpos, y de forma muy especial el de las mujeres (pero también el de los/as migrantes, de los/as racializados, de las personas sexodisidentes), están marcados por estructuras sociales, violencias, género e identidad, y cómo estas tensiones atraviesan nuestras formas de ver y entender el mundo. Decimos que esto es necesario y en los tiempos que corren es ya una necesidad urgente.
Esta exposición, como otras que se han hecho y se hacen en el museo extremeño, buscan exponer una herida, una herida que podríamos llamar social, pero que es mucho más. Es social pero también es personal. No es hablar de lo que ocurre en nuestro contexto, es poner la luz y la lupa sobre lo que les ocurre a personas concretas. El comisario, al construir el relato, no se limita a articular un recorrido formal por la producción reciente de Arizpe, sino que construye un dispositivo crítico donde la mirada de quien visite la muestra es puesta en cuestión. Lo que está en juego no es sólo la visibilidad, sino la responsabilidad de ver. Aquí nos viene a la memoria, justamente, lo que decía Camnitzer, que lo importante de una obra de arte no es el objeto, sino lo que ocurre entre el objeto y quien lo observa.
¡Qué necesario y urgente es este trabajo!


