Cuando sólo la pintura basta – PRĒLUNE

Miguel Gómez Losada
Digalery, Muro de los Navarros, 66. Sevilla.
Del 12 de febrero al 4 de abril de 2026.
Fotografías de las obras de Velour.estudio.

Hay una expresión, como una fórmula magistral, que se emplea en teoría y crítica de arte, que nos sirve habitualmente para acercarnos a una obra -cuadro o escultura-, que nos ayuda a comprenderla y, tal vez más que a comprenderla, a entablar una relación con ella, es ¿qué ocurre en la obra? En un cuadro puede ocurrir retrato, puede ocurrir bodegón, marina o paisaje, pero hay algunas obras, sólo algunas, de determinados autores o autoras, sólo unos pocos, que en sus trabajos ocurre la pintura, sólo la pintura. Como si el mero hecho del ejercicio de pintar fuera suficiente, como si sólo la pintura bastara. Esto requiere comprender muy bien en qué cosiste crear arte, saber lo que necesitas contar y, sobre todo, saber qué tienes que eliminar, de qué tienes que prescindir para construir el cuadro. Es un ejercicio difícil, requiere seguridad y sobre todo valentía.

En la Historia del Arte, el cuadro ha sido interpretado como un objeto complejo: soporte, imagen, concepto, representación, técnica, discurso. Sin embargo, existe una intuición radical y, al mismo tiempo, profundamente sencilla y es que para que exista un cuadro basta la pintura. Esto no es reducir la práctica artística a un mero formalismo, es revelar la esencia material y ontológica del acto pictórico.

Esto es lo que presenta Miguel Gómez Losada (Córdoba, 1967) en Digalery, el ejercicio de pintar. Pensar que sólo basta la pintura para crear un cuadro supone desplazar la atención desde la representación hacia la materia. La pintura no es únicamente un medio para ilustrar algo exterior; es un acontecimiento físico que se manifiesta en forma de color, textura, gesto y densidad. Incluso cuando la obra parece representar un paisaje, un cuerpo o una escena, su existencia como cuadro no depende de lo representado, sino del hecho concreto de haber sido pintada. En el caso de estas obras, además, el creador emplea tan poca materia como color. Es decir, es todo sobriedad, economía de medios, lo que hace mucho más difícil que este trabajo funcione. Hay artistas que necesitan muchas cosas para contar pocas cosas, hay, a veces, como una obsesión por contar mucho, cuando en realidad lo magistral es contar poco, lo suficiente para que la obra funcione, para que exista. Ocurre en todas las obras expuestas, pero especialmente en Prēlune 1 (La mesa de Rosa II).

El propio autor nos revela parte del misterio en el texto de la muestra: “en el estudio suena en bucle una cinta experimental, Prēlune, de Jean-Paul L’Heureux, con sintetizadores atmosféricos de dominante esotérica. Me meto en el papel y finjo lo que pudiera ser una hipnosis, ayudado por las sábanas de sonido y por el título. Imaginar tiene un ritual. Me convencí de que Prēlune es una fantasía sobre los fenómenos celestes, y seguí ese hilo. Construí un marco mental, una ficción de antiguas culturas influidas por la astrología, en espacios sagrados, con ceremonias secretas y símbolos de Prēlune: un lugar desde donde invocar la inmensidad. Hasta donde he podido saber, la palabra Prēlune no tiene traducción. Me atrevo a definirla como oscuridad entre lunas. Prēlune es ese intervalo, una metáfora de la noche cerrada, un vacío semántico donde la pintura pone visión”.

Pero muchos de estos cuadros esconden secretos, hay algo detrás, hay algo antes y te quienes que esforzar para verlo. No es complicado en realidad, basta mirar, basta mirar la pintura. Debajo de la pintura hay más.

Sostener que sólo basta la pintura implica reconocer la dimensión performativa del acto pictórico. Cada cuadro de esta exposición es el resultado de un tiempo, de un cuerpo y de un gesto que se sedimentan en la superficie. Las obras que vemos no sólo son una imagen final, sino el registro visible de una acción: la pintura, que en el caso de Gómez Losada funciona como huella, conserva la energía del proceso, la presión de la mano, la velocidad del trazo y la resistencia del soporte. Es casi un hecho biográfico que remite al artista.

A veces es eso, sólo la pintura basta.

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