Investec Cape Town Art Fair

Ciudad del Cabo es la “Mother City” de Sudáfrica. De ella se origina la identidad misma del país. Situada entre la compacta mole de la Table Mountain y el amplio horizonte del Océano Atlántico, posee algo telúrico, primigenio; es generativa y extraordinariamente abierta a lo posible. El hombre la ha construido y ha escrito su historia, dando forma a un espacio urbano complejo, habitado por personas cálidas y vibrantes, rodeado de paisajes impresionantes y marcado por estratificaciones históricas profundas y a menudo contradictorias. Este tejido urbano sugestivo y cambiante sirve de marco para la Investec Cape Town Art Fair, que llega a su decimotercera edición.

La feria se celebra hasta hoy en el Cape Town International Convention Centre, en el corazón del City Bowl. Organizada por Fiera Milano y dirigida por Laura Vincenti, la manifestación cuenta con cifras significativas: 126 expositores procedentes de 34 ciudades globales, entre ellos 42 debutantes, 490 artistas representados y una estimación de aproximadamente 40.000 visitantes.
Al igual que la ciudad que la rodea, la feria pone en diálogo la identidad africana con la necesaria proyección internacional. Así, se configura como un lugar simbólico además de comercial, en el que el mercado del arte contemporáneo se entrelaza con procesos de redefinición identitaria, en los cuales las reflexiones sobre viejos y nuevos colonialismos se combinan con la búsqueda constante de una convivencia pacífica y solidaria.
No es casualidad, por tanto, que el tema curatorial de la edición 2026, “Listen”, introduzca la semántica de la escucha como acto primero del conocimiento y de la aproximación, pero también de alerta, de estar vigilantes, más que nunca atentos a lo que ocurre más allá de nuestro entorno inmediato.

En este contexto se inserta la participación de las galerías españolas, muchas de las cuales presentan exposiciones individuales. Este es el caso de BETA Contemporary de Barcelona y de Néboa de Lugo, ambas invitadas a participar en la sección «Tomorrow Today», curada por Mariella Franzoni. La primera presenta, en formato de instalación, el trabajo del artista venezolano Gabriel Pinto. «El pueblo de sal» es una investigación sobre el trabajo de los venezolanos en las salinas Pampatar y Cumaraguas. La sal como elemento de sustento económico, pero también de identidad y memoria. El proceso de extracción es narrado por el artista de manera poética, combinando narración y sublimación, práctica documental y restitución estética.
La segunda, en cambio, dedica su espacio ferial a Andrea Davilo Rubio, artista gallega que en su trabajo investiga la interacción entre cuerpo y espacio. Operando desde una perspectiva de posthumanismo feminista, la artista adopta el cuerpo o la memoria de este como herramientas para crear vínculos. El cuerpo es presencia y ausencia: deja huellas sobre los materiales y, al mismo tiempo, es transformado por ellos. Obras minimalistas realizadas con materiales metálicos evocan la presencia corporal femenina en una puesta en escena esencial y casi teatral.
Dentro de la sección «Solo», curada por Céline Seror, se encuentra Reiners Contemporary Art de Marbella, que presenta «Traces of the timeless» de Owanto, la primera artista del África central en exponer una exposición individual en la Bienal de Venecia en 2009. La artista, nacida en París de padre francés y madre gabonesa, trabaja con medios expresivos heterogéneos, desde la pintura hasta la instalación, la escultura y la fotografía, llevando a cabo una reflexión multiforme y multicultural sobre temáticas como identidad, transformación y resiliencia.

Un solo artista también para la Galería de Arte Luisa Pita de Santiago de Compostela, que propone el trabajo del sudafricano Pierre Louis Geldenhuys. Preciosos origamis textiles diseñan geometrías complejas que la luz realza, revelando la complejidad de su planificación y elaboración. Obras al mismo tiempo pictóricas y escultóricas, donde el pliegue se convierte en el principio generativo de la forma.
OOA Gallery de Barcelona debuta en la feria sumergiéndose en el contexto africano y presentando un diálogo entre las obras del marfileño Mederic Turay y del sudanés Miska Mohammed. El trabajo de Turay combina iconografías tradicionales, estéticas urbanas y referencias a la historia del arte occidental, desarrollando una figuración sintética centrada en el rostro humano, a menudo reducido a signo arquetípico. Estas presencias son máscaras y símbolos, aludiendo tanto a las tradiciones plásticas africanas como a las gramáticas del expresionismo y de los graffitis contemporáneos. Mohammed delinea paisajes sugerentes, definidos por líneas fluidas, campos de color nítidos y meditados fragmentos cromáticos. La naturaleza se convierte en un pretexto para una investigación basada en la armonía de formas y colores.
Por último, Suburbia Contemporary y Víctor Lope Arte Contemporáneo, ambos de Barcelona, construyen espacios más complejos, por el mayor numero de artistas.
La primera propone una selección de obras de Clara Adolphs, Malgosia Jankowska, Mario Dilitz, Stefan Peters y Tom Cullberg. Entre ellos merece un análisis más profundo la investigación de Cullberg, quien crea tableros de madera para colgar en la pared en las que coloca fragmentos de existencia. Quien posee la obra puede manipularla a su gusto, devolviéndole una versión personal. El artista renuncia parcialmente a la autoría para que la obra se entregue al propietario en una forma constantemente renegociable.
Suburbia, en el espacio expositivo disponible, ofrece un recorrido transmedia que va desde la refinada pintura de Peter Eastman hasta la rarefacción ambiental de las fotografías de Giovanni Ozzola, asociando la seductora materialidad de Jake Aikman y Amy Rush, en el primero de estos dos, a través de pinceladas cargadas de color, en la segunda mediante el reutilizo de materiales plásticos, que abre su investigación a temas relacionados con la ecología y la sostenibilidad ambiental.
Mención especial merece la escultura de Ed Young: un viejo piano procedente precisamente de Ciudad del Cabo, cortado por la mitad para mostrar sus mecanismos internos. Solo suena una nota. De este modo, la obra se convierte en metáfora de la incompletitud de la historia oficial, solo parcialmente contada, mientras que la única nota alude a la memoria selectiva, si no manipulada. Un recorrido articulado de la galería de Barcelona que presenta una heterogeneidad geográfica y formal que es perfecta paráfrasis de la misma sociedad sudafricana.

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