Durante la II República se intentó regenerar la vida de ciudadanos y ciudadanas en múltiples aspectos, desde la representación y la participación política, las condiciones de trabajo, los aspectos sociales y también desde el deporte. Este se entendía como una forma no sólo de ejercitación del cuerpo sino también de la mente y de las relaciones entre personas, en un ambiente competitivo, no violento. Esto en realidad se venía haciendo en el ámbito internacional desde finales del siglo XIX con las Olimpiadas, pero el espíritu republicano buscaba apartar este ejercicio de lo elitista y creó las Olimpiadas Populares. La fecha elegida para la celebración fue julio de 1936 y la ciudad Barcelona.
Había una circunstancia particular, la celebración de los Juegos Olímpicos en el Berlín nazi. Así, el certamen español se concibió como una gran fiesta de la paz, la igualdad y la solidaridad entre culturas y naciones, promoviendo derechos humanos y resistencia antifascista. Por las fechas es fácil imaginar lo que ocurrió, el golpe de Estado y la Guerra Civil. El día previsto para la inauguración era el 19. En un acto de solidaridad encomiable los atletas que habían llegado a Barcelona decidieron unirse a la defensa de la República en lugar de regresar a sus países. Esta concentración de extranjeros se considera el germen de las Brigadas Internacionales.
El libro de Aguirrezabala que presentamos aquí documenta este acontecimiento y reflexiona sobre las intenciones de la celebración deportiva y sobre lo que ocurrió después. Es el séptimo libro de artista que realiza y está construido como un objeto artístico y narrativo, estructurado en tres partes. La primera en la que, a través de una profunda investigación, nos acerca a las historias de los protagonistas, su procedencia y cómo se quedaron, como decimos, para defender el orden democrático. Nos podemos hacer una idea de la fuerza y los ideales que movieron a aquellos jóvenes.