SYBILLA & LUCADAMO & COLECTIVO19

En Madrid hay calles y calles. Pero la Calle Noviciado es un punto y aparte. Sus casas de baja altura me transportan al tiempo dilatado de los pueblos. Invitan a ralentizar el paso. A abrir los sentidos a la exquisitez de sus colmados y tiendas.

Su final tiene lugar en la Plaza del gato. Allí hay un chaflán con una galería de arte recién fundada por la diseñadora de moda Sybilla. La Galería Plaza del Gato.

Me adentro en la inauguración de Alejandro Lucadamo y del Colectivo19.

Los cuadros de Lucadamo están hechos a fuego lento. Entran en los sentidos con el mismo sosiego que ilumina el sol de la tarde. Un arte creado desde el cuerpo y que atraviesa el cuerpo del que lo observa. Porque el cuerpo es esa brújula que nos dice cuando una obra de arte tiene el peso suficiente para transformar el lugar que ocupa. Y es sólo el cuerpo, y a partir de él desde donde uno transcribe de una manera irracional aquello que percibe. Como si el acto de ver sus cuadros fuese tocar con la mirada. Atravesar la imagen y convertirla en acontecimiento. Una escenificación del propio acto de pintar.

Merleau Ponty diría que se trata de un encuentro táctil entre el ojo y el mundo; confluencia que explora la potencia del círculo no sólo como dispositivo visual y conceptual, sino como presencia física .Una presencia cuya aura se va expandiendo a medida que uno la contempla. Sus piezas, marcadas por gradientes cromáticos concéntricos, funcionan como estructuras que no representan un relato, sino que generan un campo de presencia: superficies que capturan la mirada y la sostienen mediante una lógica inmersiva, más próxima a la experiencia perceptiva que a la iconografía narrativa.

No es casual que la palabra “místico” haga referencia a lo secreto. Proviene del griego “mystikos” que significa “cerrado”, “oculto”. Los círculos concéntricos de Lucadamo ofrecen un refugio alejado de lo profano. Como si estuviesen impregnados de silencios ancestrales. De plegarias antiguas. De un misticismo recién inaugurado.

Sus trabajos resuenan con el grupo minimalista americano del Colorfield painting. Con los círculos concéntricos de Kenneth Noland o los cuadrados cromáticos de Josef Albers, o con el Opart de Tadasky. Pero hay algo en la utilización de materiales orgánicos de Alejandro que convierten a sus cuadros en presencias. En cuerpos que palpitan. Entes que inhalan y exhalan luz. Respiración cromática.

Sus pinturas se dejan mirar pero también interpelan, provocan. Alumbran y deslumbran. Como esas estrellas del firmamento, esos planetas sin vida que flotan por el universo pero que aún siguen brillando.

Por otro lado, la exposición también está compuesta de esculturas de barro hechas por el mismo artista. Piezas repletas de ironía que hacen alusión a seres mitológicos contemporáneos. Figuras —cartoonizadas, voluptuosas y de colores saturados— que operan como juguetes subversivos. Que cuestionan la iconografía popular sin adentrarse en el horror. La hibridez animal-humana y la sexualidad explícita funcionan como dispositivos de ironía crítica, más cercanos a la cultura visual contemporánea que a un pesimismo filosófico propio de los años 60. Sus figuras no buscan revelar el inconsciente, sino distorsionar el imaginario colectivo mediante una estética híbrida y sensual que toma la potencia del grotesco y el imaginario popular para producir una crítica cultural incisiva y profundamente contemporánea.

Por otro lado, está el Colectivo 19, formado por Alejandro Lucadamo y Agustina Covián —cineasta y videoartista—, que reactiva muchas de las obras pictóricas y dibujísticas de Alejandro a través de la videoanimación. Lo fascinante de su propuesta es la fidelidad al gesto artesanal: la animación nunca oculta el trazo originario, sino que lo prolonga. En este sentido, su trabajo dialoga con el de William Kentridge, donde el dibujo no se disimula, sino que se vuelve acción visible, proceso expuesto. Resaltar también sus Cromatic soundscapes que traducen en sonido las frecuencias cromáticas del cuadro. Las piezas, instaladas en la planta baja del sótano, son verdaderamente exquisitas; merece la pena detenerse y dejarlas desplegar su tiempo.

Y repito. Hay calles y calles en Madrid. Pero la calle Noviciado es un punto y aparte.

Concha Vidal
@conchavidalvalicourt
@galeriaplazadelgato
@lucadamoalejandro
@elcolectivo19

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