Calle Fuente Quintana, 3, 13320 Villanueva de los Infantes, Ciudad Real.
Del 4 de octubre al 31 de diciembre de 2025
El centro es un espacio cultural bastante singular que combina arte contemporáneo,
tecnología (especialmente holografía), naturaleza y residencias artísticas. Está dentro de
la Fundación Pepe Buitrago y su peculiar nombre viene de un poema de Dionisio Cañas.
Un lugar multidisciplinar que presta atención al diálogo entre el arte y la naturaleza,
aprovechando su entorno rural, y apoya a artistas jóvenes mediante residencias,
investigación, producción artística, colaboraciones, etc.
La fundación organiza dos exposiciones al año sobre asuntos que tienen que ver con su
origen fundacional, la holografía, las nuevas tecnologías y la conexión con el medio
ambiente. La actual lleva por título Des-Encuentro y se concibe, como explican desde la
institución, como un espacio para conversar desde la disonancia, abordar diferentes
puntos de vista, acoger el desacuerdo y habitar en los márgenes del conflicto, desde los
diferentes conflictos con los que nos vemos obligados a convivir, las violencias, los
problemas de la vivienda, el cuidado de la naturaleza y el medio rural, el respeto a las
personas migrantes, las guerras… En general las obras seleccionadas nos invitan a
reflexionar sobre el lugar donde podemos encontrarnos y a no tener miedo a esas
tensiones, a esos des-encuentros, a que el arte sea, como decía Bourriaud, un estar
juntos, un crear un mundo común desde las diferencias. Que no es necesario ser
idénticos e idénticas, de la misma raza o cultura para habitar en un mismo espacio como
lugar de lo común. “Des-Encuentro se atreve a provocar, a abrir el espacio del
malentendido, del desencaje, del conflicto, no como obstáculo, sino como posibilidad.
Nos interesa lo inesperado, lo que surge cuando dejamos de buscar respuesta”.
Como es habitual en su forma de trabajar, es una muestra colectiva formada por las
obras de Florencia Rojas, Albertina Merlina, Dionisio Cañas, Javier Map, José Jurado,
Juan López López, María Cañas, María Rosa Aránega, Patrick Boyd y Ramón Mateos.
Tampoco hay un comisariado específico, aunque para la definición del proyecto y la selección de participantes es fundamental la colaboración del artista y gestor José
Jurado, que trabaja junto los directores y patronos de la fundación.
De las obras que conforman la muestra tal vez podríamos destacar las de Dionisio
Cañas, María Cañas y del propio José Jurado.
El gran poeta, accionista y cofundador del mítico Estrujenbank nos enciende el espíritu
crítico y fomenta nuestra incomodidad con las formas de vida que nos rodena con
Ecocidios. No tienes que joder a la gente para sobrevivir (2025), una serie de collages
donde nos advierte de cómo el animal humano se suicida a diario, voluntariamente de
muchas maneras. En el caso de los insectos se trata de un suicidio involuntario y
colectivo que, en buena parte, se debe a los productos químicos que se usan en la
agricultura (que luego repercuten en nuestra salud a través de la cadena alimentaria y
del medioambiente), de ahí el título de estas obras, porque al exterminar algunas
especies de insectos estamos suicidándonos nosotros mismos.


Preocupado por el mantenimiento del entorno rural, por la despoblación y la destrucción
de zonas de cultivo, José Jurado presenta Economías del paisaje. Pistachos (2025), una
instalación compuesta de hologramas y fotografía a color. En ella reflexiona sobre los
paisajes que se transforman buscando un aprovechamiento económico. Las provincias
de Jaén mediante la aceituna y Ciudad Real con la vid y el pistacho dan buena cuenta de
ello mediante estos cultivos. Como sabemos, el despoblamiento del interior de la
península favorece la llegada de empresas y conglomerados inversionistas que explotan
los recursos del medio rural principalmente. Que veamos un paisaje económicamente
activo no significa que vaya a ser beneficioso para sus habitantes ni retenga la
población, en ocasiones es todo lo contrario.
Toca Jurado el problemático asunto de las placas solares, que al necesitar un mínimo
mantenimiento técnico, los terrenos no necesitan mano de obra. Esto significa menos
producción agrícola, que encarece el producto, menos mano de obra que condena al
paro o a la emigración a los habitantes de los pueblos, y al enriquecimiento del
capitalista agrario, que no tiene que invertir nada ni preocuparse si llueve o hace sol.
Así, el paisaje que nos rodea se transforma con el paso del tiempo en una tierra yerma.

Continuando con su trabajo y su estética habitual, con su buceo por archivos y
plataformas para apropiarse de aquello que le pueda servir para construir su relato,
María Cañas presenta un a modo de recuerdos/premoniciones en En el futuro…
predicciones para un presente extremo (2021). Cañas nos coloca frente a la pantalla
incómoda de un search-footage protagonizada por los animales que (con suerte,
esperemos) tomarán el mundo cuando la especie más dañina materialice su propia
destrucción, es decir los humanos. “Si desapareciéramos mañana, ningún organismo de
este planeta nos echaría de menos. Nada en la naturaleza nos necesita” nos advierte
Thomas Ligotti en La conspiración contra la especie humana (Valdemar.
Intempestivas, 2020).


Una exposición completa y compleja que nos pone frente a la naturaleza y frente a
nosotros mismos, una posición incómoda porque las reflexiones que nos provoca nos
interpelan, pero tienen que hacernos reaccionar, de otra forma cualquier día volverá a
amanecer (que no es poco), pero ya no estaremos para verlo.

