Exposición Bienvenida de Rocío Madrid

“Desarrollo herramientas para dar un lenguaje a nuestro contexto”, con esta frase se abre la web de Rocío Madrid (Melilla, 1988) y bien nos puede servir de guía para conocer su obra, sus intenciones y su ligazón al lugar al que pertenece. Dotar de un lenguaje a nuestro contexto significa posibilitarle una forma de comunicarse, de explicarse y contar cómo es, cómo está, qué demanda de quienes por él transitamos. Dotarlo de personalidad, humanizarlo, concederle la capacidad de sentir.

A través de diferentes lenguajes como la instalación, la fotografía o la cerámica la autora nos lleva a su ciudad, la que le vio abrir los ojos y que la acoge (nos acoge) de nuevo cada vez que necesitamos volver a ese locus amoenus. Como nos recomienda ella tenemos que aprender a quererla, a construir de nuevo nuestra identidad para quedarnos allí. Aunque estemos lejos la tierra en que nacemos siempre será nuestro lugar, quizá a veces sólo de un modo imaginario, pero lo será.

Desde aquí reflexiona en su trabajo Rocío Madrid y lo hace de una forma viva, real, biográfica porque es lo que hizo, volver a su ciudad, trabajar con ella y sobre ella, construir desde su experiencia y la de sus vecinos y vecinas. Aportar todo aquello que contribuyera a crear un futuro (común).

Esto muchas veces no es fácil, Melilla experimenta constantemente tensiones desde dentro y desde fuera. Su historia y su presente no son cómodos, esperemos que su futuro sí. Por eso nos pregunta ¿Cómo sobrevivir a los cambios más radicales? ¿Cómo adaptarte a un medio que podría dar miedo o parecer hostil? Doce kilómetros cuadrados separados por una valla metálica del resto del continente africano, y por el otro lado el mar. Esta doble frontera provoca que muchas veces tengas la sensación de estar en tierra de nadie, por detrás un continente al que parece que no perteneces, por delante otro que parece que no te deja pertenecer. Una pieza de cerámica, una camisa pintada y una fotografía se convierten en arma para combatir esta situación, un arma poética, una lucha no violenta por pertenecer, por mantener ese terreno en el que te es posible pertenecer.

A la vista de esto el título de la muestra en Swinton es más que sintomático. Bienvenida es algo más que una invitación, más que un saludo al abrir una puerta y recibir a alguien que viene visita o de un viaje. Bienvenida, desde allí, es un deseo. Quizá lo triste es que a veces parece que es sólo una ilusión. El deseo de dar la bienvenida a tu espacio a quien llega de un lugar y a quien pretende hacerlo desde otro. El deseo de abrir la estancia más íntima de tu hogar para que aquel o aquella que llega sepa que lo hace a un lugar seguro.

Su obra plantea esa lucha con métodos propios ante la separación, el corte del paso, ante una situación que provoca desesperación y tristeza. Así, lo que podemos ver en la exposición es poesía visual. 

Pero no sólo trabaja Rocío Madrid con el espacio y la memoria, o sobre esto, también lo hace con las personas que hacen que la ciudad esté viva, con quienes se encuentra a diario por las calles o en el mercado, con quienes van y se quedan y aquellos o aquellas que sólo aspiran a cruzar. Sobre quienes puedes identificar por su atuendo y especialmente con quienes compartes una mirada, sólo un gesto, tal vez una leve sonrisa al cruzar la acera. Una sonrisa que es, tan sencillo, un gesto de asentimiento, un no te conozco pero sé quién eres, un formamos parte de la misma comunidad y hago mías tus alegrías y tus preocupaciones. Eso es hacer ciudad, construir el locus amoenus que mencionábamos.

Esto nos muestra Rocío Madrid en Swinton, bienvenida a mi lugar. Una muestra que, además, comparte la línea de la galería por mostrar proyectos que entronquen con preocupaciones sociales, con aportar una visión comprometida con el mundo en que vivimos.

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