A veces los aciertos generan desconfianza, otras… exactamente lo contrario, al punto que empatizamos tanto con ellos, que hasta experimentamos una extraña sensación de comunión. Lo que se traduce en creernos copartícipes de algún tipo específico de sentido común. Tal es el caso de la primera muestra institucional en España de la artista catalana Cristina BanBan (El Prat de Llobregat, Barcelona, 1987) en la Sala Emperatriz del Palacio de Carlos V, gestada por la Fundación Medianoche, junto al Patronato de La Alhambra/Generalife, con la colaboración del Ayuntamiento de Granada y el Centro Federico García Lorca; en la cual, la artista despliega una conversación horizontal con la obra del poeta más grande que ha dado la ciudad, a través de una mirada sobre sus figuras femeninas, sobre sus personajes mujeres, donde obras como Yerma, Bodas de Sangre o La Casa de Bernarda Alba, las retrata; muchas de ellas, machacadas por una sociedad machista, retrógrada y oscura. Donde su admiración por la capacidad de supervivencia y superación de la mujer a través de su saber amar o su capacidad de colocar el amor como motor de su entrega diaria, en Lorca fue radical. Y en la artista, el vínculo con ese universo lorquiano por un lado, es natural por su profunda afinidad con su poética, y por otro lado, gran parte de su última obra se desarrolla como indagación en cómo representar a la mujer de hoy. Preguntándose: cómo auto-representarnos, cómo defendernos de la violencia del paso del tiempo, la soledad y el desamor, puede que representándola tal como es.
Una visionaria mirada lorquiana, que Cristina evoca en sus cercanías, en su sensorialidad, en cómo nos hace aproximarnos a su obra desde el extrañamiento, ese sesgo que atraviesa toda la modernidad occidental como interrogante que con la vanguardia se convirtió en dogma: ¿cómo representar este presente? ¿qué queda entre nosotros de nuestro pasado?
Un siglo después para la artista catalana neoyorkina -porque no sólo somos de donde se nace sino también somos de donde se elige estar, parafraseando a Saramago- Federico es el telón de fondo, nunca mejor dicho, para adentrarse en una amalgama de sensaciones históricas que definen a la mujer española de las que Lorca hablaba, que la conectan con nuestro incierto presente. Como si la artista quisiera recordarle al público femenino que la observe que la feminidad siempre ha estado en peligro, pero también en valor. Porque la fragilidad que las caracteriza, es su mayor virtud y su respetuosa y amorosa convivencia, su tabla de salvación.
Dicho esto, he de añadir que museográficamente la muestra es magistral.
Es un ejemplo de cómo a veces si se acierta, no hacen falta tantos recursos para proponer una experiencia redonda curatorialmente hablando. Donde se nota desde el momento cero que la comisaria Ana Frías de la Fundación Medianoche y la artista trabajaron mano a mano en este acercamiento al universo lorquiano, en el cual la creadora se da el lujo de falsear sus escalas, estilizando un par de lienzo verticales como columnatas de un templo, dadas las complicaciones patrimoniales del espacio museal1, generaron un revestimiento de arquitectura efímera de paredes de madera pintadas de rojo donde cada una de las siete obras pictóricas son levantadas como pilares de un altar atemporal para luego darnos paso a una sala donde un par de docenas de dibujos, acuarelas, tintas, fascimiles y textos vinilados sobre las paredes laterales del espacio encapsulan los orígenes de cómo nació este proyecto. Mostrando el interior del proceso creativo de Cristina para acercarse a la rotundidad de perpetuar una Yerma tan oronda, con tanta prestancia, tremendamente empoderada, orgullosa. O cómo desbloqueó su mano dejándola sueltísima para disfrazar de Payasa y Venus2 a dos de sus figuras que bien podrían funcionar como cariátides de un edificio ruinoso (el patriacado) que todavía se soporta sobre propio dolor de esas mujeres.


Unas mujeres que esta vez vienen acompañadas de la gracia artística femenina de la que Cristina alardea, posiblemente sin proponérselo, por cómo su velocidad resolutiva demuestra cuánto ha metabolizado las enseñanzas dibujístico-gestuales de Paula Rego, la noción del cuerpo como envoltura desplegada en el campo pictórico de Jenny Saville o la destreza cromática del trazo expresivo de una Cecily Brown. Un camino muy british, algún colega crítico podría acuñar, aún sabiendo que el origen portugués de La Rego, no fue ningún impedimento para convertirse en una de las figuras claves del Arte Británico de nuestro tiempo.
Un rasgo que dejó huella en Cristina, por su estancia londinense podrían argumentar, mas yo creo que le viene más bien por la necesidad de encontrar una sensibilidad efectiva para desplegar sus talentos, más allá de los formalismos patriarcales nacionales. Donde el gesto y la impronta pictórica superan el academicismo decimonónico o la deconstrucción picassiana.


Lorquianas es una muestra así que nos recuerda que a veces vale la pena detenernos en los detalles, en la belleza de un gesto rozando el cabello, la gracia de un guiño risueño que induce o sugiere coquetería mientras exhibe a cada cual, tal cual es, una invitación de paso, a releer a Lorca3 para encontrar como si fuese la primera vez su fuerza, su vigencia, su profundo calado.
Ese calado que todavía nos indica cómo nuestras pasiones nos marcan el camino.
1. La Sala Emperatriz, o igual conocida como la Sala de la Presentación, ubicada en un semisótano o entresuelo del Palacio hacia su ala izquierda, es la segunda ocasión que se usa para este tipo de proyectos de Arte Actual.
2. Siendo ésta una revisión del concepto de arquetipo, en este caso lorquiano, más allá de la mirada de Jung, de alguna manera ya desfasado, que necesitaba refrescarse y destensar sus simplificadoras ataduras falocéntricas.
3. Sinceramente, es de agradecer que desde el Centro Federico García Lorca estén involucrados de una manera u otra en las últimas muestras institucionales en Granada de Cristina BanBan y Guillermo Kuitca, y esta mirada programática abierta de miras, dice mucho a su favor. Quizás con alianzas de este tipo, donde hasta galerías de primer nivel se involucran, logren estremecer los cimientos del habitual localismo de una ciudad académicamente tan activa y culturalmente tan rica.

