Espacios de memoria: las construcciones culturales como espacios de memoria

La posmemoria es esa memoria vicaria, de segundasy terceras generaciones, pero también una memoria afiliativa, la de aquellos y aquellas que sin ser descendientes directos de quienes fueron represaliados y asesinados sienten la necesidad y la obligación de trabajar en este sentido, de trabajar por la justicia y la dignificación.

Hay un corpus de arte abundantísimo que preserva el recuerdo de los/as que ya no están y reclama justicia y reparación y, además, demuestra cómo el arte es una herramienta tan eficaz como necesaria como constructo social/político.

En la práctica artística este concepto de posmemoria produce obras con historias y objetos que no sólo arrojan nueva luz a los hechos criminales, sino que contribuye al no olvido de las víctimas y, además, tiene la capacidad de crear espacios donde las familias puedan recordarlos, elaborando así una especie de lugar si no de duelo sí de consuelo.

¿Podemos hacer nuestros los recuerdos de otras personas, de otras familias? ¿Podemos hacer nuestro el dolor, el trauma? ¿Tenemos, en nuestro ahora, responsabilidad alguna sobre lo ocurrido en épocas pasadas? ¿Cómo podríamos hoy reparar el daño causado hace décadas?

Son algunas de las preguntas que nos podemos plantear cuando nos acercamos al concepto de memoria, cuando desde la investigación y desde la práctica artística decidimos abordar un asunto tan importante, tan frágil y tan difícil de aprehender como la memoria, esos recuerdos que se han mantenido en las costuras de las familias, en habitaciones con las ventanas siempre cerradas, tantas veces silenciados por miedo. Esas familias que han sufrido un trauma que se ha intentado olvidar durante décadas. Un dolor ocultado y que a veces se ha dejado entrever en un gesto al recordar a alguien que desapareció pero que se ha quedado siempre presente porque no se fue, se lo llevaron. En esa mirada perdida de las abuelas, siempre vigilando la puerta por donde vieron salir por última vez a su padre, por si acaso algún día se vuelve a abrir y entra de nuevo la luz.

Por una parte, como decimos ese trauma se hereda e impulsa a buscar a quieres nunca debieron desparecer, abuelos, tías, amigos y amigas, al alcalde del pueblo, a la maestra siempre recordada. Se hereda de manera directa pero también indirecta, no hace falta que la persona que se busca sea de nuestra familia de sangre, hay muchas formas de ser familia.

Como nos preguntamos al principio ¿podemos hacer nuestros los recuerdos de otras personas, podemos hacer nuestro el trauma? Podemos y debemos trabajar si no para devolver a la vida a quienes se la quitaron, es imposible, sí que podemos y debemos trabajar para que su recuerdo no desparezca, para que su “nombre no se borre de la historia”.

En el caso del proyecto expositivo en el MEIAC ese hacer algo es el trabajo con y desde las construcciones culturales entendidas como ESPACIOS DE MEMORIA. Cualquier obra de arte, una performance, las fotografías, las instalaciones, los vídeos, las reflexiones desde la teoría, el desarrollo técnico de la exposición se convierte así en espacio de memoria en el sentido de crear un constructo desde el que al menos intentamos devolver esa dignidad que el golpe de Estado, la guerra y la Dictadura quitó y crear para las familias un lugar de consuelo.

Llegados a este punto y a la vista de las obras seleccionadas cabría preguntarnos si es posible representar la tragedia. Es más, si es legítimo representarla, si los familiares necesitan que les traigamos al presente ese momento de dolor. Obviamente la respuesta es no, no lo necesitan, no es necesaria esa crueldad. ¿Entonces qué hace la cultura, el arte, el cine, la literatura? Pues justamente lo que hace un momento decíamos, crear espacios de consuelo, lugares donde estar y reconocerse entre unos y otros, donde recordar y donde nunca se apague la llama del cariño. Ahí están los memoriales, los centros, museos y lugares de la memoria, las casas de memoria y ahí están tantas y tantas obras que los y las artistas se esfuerzan cada día por construir llevados por esa responsabilidad social de la cultura, por eso si desde el arte podemos hacer algo sería una falta de responsabilidad grave no hacerlo. No olvidemos que “la cultura hace de nosotros seres específicamente humanos, racionales, críticos y éticamente comprometidos” (UNESCO, Declaración de México, 1982). Trabajamos en y desde la cultura, esa misma que intentó destruirse con el asesinato de maestras y maestros y con la quema de libros en muchas partes del Estado, como podemos ver en Auto de fe de Miquel García.

En muchos otros casos, desde otros planteamientos, también se hace, pero si como dice el refrán “una imagen vale más que mil palabras” el arte tiene esa tremenda potencialidad. El significado de las imágenes es tan poderoso que sólo con ver una obra un momento ya podríamos construir el relato siguiendo el significado y el poder de las imágenes, como nos recuerdan los estudios de George Didi-Huberman (2018) y David Freedberg (2009).

En Espacios de memoria (las construcciones culturales como espacios de memoria) se recogenlas reflexiones de Annette Kuhn o Sussannah Radstone que denominan a este tipo de trabajos como memory works (trabajos o ejercicios de memoria), sobre todo a aquellas obras que trabajan con los recuerdos familiares o particulares, como una “historia popular y oral”, que de alguna manera también aparece en muchas obras de esta exposición.

Los ejercicios de memoria que vemosaquí eliminan los límites que separan lo individual de lo colectivo y lo subjetivo de lo objetivo para poder así poner en cuestión y reflexionar sobre las versiones del pasado que se han transmitido como verdades cosificadas. Un ejercicio de memoria que se hacedesde la reflexión teórica a la hora de construir el relato de la muestra y al seleccionar las obras que van a ir construyéndolo como si fueran jalones del camino por el que invitamos a transitar a quienes visiten el museo y puedan detenerse ante cada propuesta. Desde un trabajo de mediación se espera que el espectador se parare ante cada obra y reflexionecómo sería la historia de su familia, cómo sería su vida si en lugar de un nombre anónimo en alguno de esos trabajos estuviera el suyo, el de su abuelo, el de su maestra. La exposición se aparta de la idea de museo. La exposición no es exponer. No es el museo como mausoleo porque el público no va a ver, va a relacionarse, a participar. Esperamos de los/as visitantes que no sean un público sino una comunidad.

La posmemoria es un concepto que fue creado por Marianne Hirsch en su ensayo La generación de la posmemoria. Escritura y cultura visual después del Holocausto (2019) para referirse a las memorias heredadas por los supervivientes del horror nazi y que se puede expandir fácilmente a otros lugares, a otros conflictos, a otros traumas.

Esta idea supone un vínculo con el pasado que lo diferencia de la memoria. Ciertamente es una conexión viva, pero está mediada por imágenes, relatos de otros, silencios, acciones, síntomas. Para las personas de esa segunda o tercera generación se presenta como un recuerdo propio y ciertamente lo es, pero tal vez de manera indirecta. Si es así para los descendientes mucho más lo será para quienes sin serlo trabajamos en asuntos de la memoria.

La investigación se centrasobre un marco temporal bien concreto: la Guerra Civil (1936-1939) y los primeros años de la dictadura para seleccionar las obras que conforman la exposición Espacios de memoria (las construcciones culturales como espacios de memoria), que se podrá ver en el MEIAC (Badajoz) del 11 de julio al 19 de octubre de 2025.

Como sabemos la historia la cuentan los que vencen, pero los hombres que vencen, por eso hemos tenido especial cuidado en seleccionar obras que nos acercaran a aquellas mujeres que también fueron represaliadas.

A estos asuntos nos acerca el trabajo de Ana Navarrete, Jorge Barbi, Lola Pérez, Rogelio López Cuenca, María Rosa Aránega, Rafael Tormo, Amparo Gomar, Nora Ancarola, Marta de Gonzalo y Publio Pérez Prieto, Marcelo Expósito, Fernando Bayona, Miquel García, José Luis Lozano, Roberto Palomo, Abrahán Riverón, el colectivo Art al quadrat y Espe Pons.

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