Anna Weyant, o el claroscuro de la Generación Z, Museo Thyssen, Madrid

En un giro desconcertante para algunos, el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza nos invita a contemplar el fenómeno de Anna Weyant, la joven pintora canadiense cuya carrera ha ascendido con la misma velocidad con la que sus figuras parecen caer en enigmáticos abismos domésticos. Comisariada por el director artístico Guillermo Solana, la exposición, que se enmarca en el programa dedicado a la colección de Blanca y Borja Thyssen-Bornemisza, reúne una veintena de sus obras más recientes. 

Se trata de su primera muestra monográfica en un museo, un hito que para muchos artistas consume décadas y que Weyant (Calgary, 1995) alcanza antes de cumplir treinta años.

Resulta casi una ironía fenomenológica que el Thyssen, custodio de siete siglos de historia del arte, acoja una obra que se nutre, precisamente, de esa tradición para devolvernos un reflejo inquietante, casi uncanny, de la juventud contemporánea. Weyant, formada en la Rhode Island School of Design, ha construido un lenguaje que bebe ahora de los maestros holandeses, ahora del tenebrismo caravaggista, ahora de la cultura pop estadounidense. Solana lo define con acierto: «Anna recurre a claroscuros intensos, casi caravaggistas, busca una solemnidad antigua para hablar de asuntos que hoy consideramos banales». Y es en esa tensión, en esa metaforización de lo trivial a través de una técnica depurada y academicista, donde reside la potencia y, para algunos, una cierta perversidad de su propuesta.

La exposición establece un diálogo directo y sorprendente con la colección permanente. La propia artista ha seleccionado cinco obras de maestros como Mattia Preti, Piazzetta, Christian Schad o Balthus, cuyas atmósferas opresivas y composiciones ambiguas encuentran un eco [¿maléfico?] en sus lienzos. 

En las obras de Weyant, adolescentes y mujeres jóvenes habitan espacios suspendidos, interiores que parecen casas de muñecas a punto de desmoronarse. Flores mustias, globos desinflados y lazos a medio deshacer componen naturalezas muertas que anuncian una inevitable decadencia, un memento mori para la era post-Instagram.

Sus protagonistas, a menudo atrapadas en situaciones tragicómicas, nos devuelven una mirada que oscila entre la vulnerabilidad y una complicidad perturbadora. No hay drama explícito, pero sí una violencia latente, una sensación de que algo está a punto de quebrarse.

Es un universo pictórico que coquetea con el surrealismo, pero también con la Nueva Objetividad (Neue Sachlichkeit) alemana y, más recientemente, con la sensibilidad de cineastas como Sofia Coppola. Obras como Falling Woman (2020) — que alcanzó 1,6 millones de dólares en subasta— o She Drives Me Crazy (2022) son un claro ejemplo de este delicado equilibrio entre lo cómico y lo siniestro, lo bello y lo grotesco.

La propia artista ha confesado su interés por las narrativas tragicómicas: «Quiero que la gente se vaya, en un sentido muy amplio, con una pizca de la experiencia de la intriga retorcida y el placer oscuro». Este ‘placer oscuro’ se manifiesta en una figuración que, si bien puede parecer un regreso contracorriente a la tradición en plena era digital, está profundamente anclada en el presente. La suya es una pintura que reflexiona sobre la representación femenina con un humor negrísimo y una perspectiva que Solana no duda en calificar de «feminista».

El ascenso meteórico de Weyant, ahora representada por la todopoderosa galería Gagosian, no ha estado exento de ruido mediático, a menudo centrado en su relación con el galerista Larry Gagosian. Este contexto, inevitablemente, añade una capa de lectura a una obra que explora, precisamente, las complejidades y vulnerabilidades de la mujer joven en un mundo que la observa y la juzga. ¿Quién teme a los lobos feroces?, titulaba irónicamente una de sus exposiciones recientes. La pregunta queda flotando en las salas del Thyssen. Quizás los lobos, como los demonios de la pintura barroca, no siempre están donde esperamos encontrarlos.

La exposición «Anna Weyant» puede visitarse en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza (https://www.museothyssen.org/exposiciones/anna-weyant) de Madrid desde el 15 de julio hasta el 12 de octubre de 2025. Un diálogo necesario, aunque no por ello cómodo, entre la gran tradición pictórica y las zozobras de nuestro tiempo.«Tengo una gama bastante ecléctica de influencias y obtengo mucha inspiración de otros artistas. […] Hay una gran pintura llamada La buenaventura de Gerrit van Honthorst. Me interesa mucho la figura de la derecha. Cuando vi por primera vez la obra de JohnCurrin, pensé en esa figura. Él sabe dialogar con la historia de una manera realmente genial» – Anna Weyant.

Otras exposiciones en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza : Terraphilia

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