El teatro permanente de Maruja Mallo.

Sin ser personalistas, ese eufemismo para demarcar la personalidad mitómana o idólatra, a veces es necesario que el trabajo individual de un profesional del medio se ponga en valor, porque alguna de sus cualidades lo diferencia.

La voluntad colaborativa de Manuel Segade, como comisario que ha crecido en la línea curatorial de las coproducciones, dado que ha sido un hombre que ha evolucionado profesionalmente sin malcriadeces, ni privilegios regionalistas, poco a poco, acostumbrado a lidiar con presupuestos en ocasiones escasos, para él co-producir es bueno para todos. Más allá de los egos y de los regionalismos, incluso. Algo que se notó en el rescate de la muestra de James Lee Byars en el Palacio de Velázquez, coproducida por Hangar Biccoca de Milán y curada por Vicente Todoli, una muestra inolvidable, redonda por cierto. Y ahora, próximamente, seremos testigo de cómo el MNCARS coproduce con el Centro Botín la retrospectiva de Maruja Mallo. Máscara y Compás. Una muestra en la que el Reina (como todos conocemos a nuestro museo nacional) hasta ha tenido la gentileza de cederle la primicia al Botín, ocurriendo primero durante primavera-verano en Santander y que se mostrará en otoño-invierno en la capital madrileña.

Si bien es cierto, como escribe Patricia Molis, comisaria de la muestra en el arranque de su texto curatorial: “Es fácil exponer la obra de Maruja Mallo gracias a su clara ordenación en series, que mantuvo a lo largo de casi toda su vida…”, lo difícil es, hacerlo bien; entroncando esas series en un espacio museal superlativo, como es el magnánimo edificio del arquitecto italiano Renzo Piano, para la sede de la Fundación Botín en Santander. 

La muestra es soberbia.

Didáctica, en tanto que se plantea explicativa, abierta a la pluralidad del público visitante sin saturarlo de verborrea historicista o terminología ideo-estética. Elegante, en cuanto al planteamiento museográfico sin excederse en florituras diseñísticas. Multidisciplinaria, como la propia obra de la maestra gallega era, donde lo fotográfico juega un papel vinculante, de registro y exploración, y donde el archivo fotográfico, bibliográfico y vital se comporta como un acicate, un bastón, no como un elemento tiránico y/o monopolizador. Oxigenada, dado el caso, que los organizadores han permitido el disfrute de cada serie acotándola en un recinto expositivo que sugiere como  mini-individuales simultáneas, paralelas, unísonas. Magistral, pues despliega la grandeza de Maruja Mallo en cada uno de los apartados por los cuales transitó, dotándola de la importancia que ella merece sin tanto acompañamiento generacional, en el que brillaron más los escritores que los artistas, y muchísimo menos, las mujeres. Así mismo, cada una de estas mini-salas, demuestran que La Mallo, dominaba a la perfección cada lenguaje o tema que abordase desde una mirada radicalmente vanguardista, una mirada que operó con una lógica descanonizada, desclasada y feminista. Donde lo vernacular es sometido a juicio como parte influyente de nuestra idiosincrasia, donde el humor merodea alrededor de los relatos que enuncia, donde lo burlesco caricaturiza los defectuosos cimientos de nuestra decadente falocracia, nuestra ridícula virilidad machista.

Obras donde la mujer es representada con total descaro, libertad y desenfreno, donde lo racializado es mimado por la mano de una artista occidental de modo respetuoso, cariñosa, casi de una manera icónica adoraticia, desde la admiración indagadora de otras bellezas más que desde el exotismo europeísta. Una producción de sentidos que desvela para quienes no la conozcan de las nuevas generaciones a una de las creadoras más singulares de su tiempo, con un extraordinario talento resolutivo y una cosmogonía argumental holística desde lo teatral que marcó pautas para generaciones venideras en España y allende los mares. Una visión sobre la puesta en escena permanente como visión del mundo que la maestra Maruja Mallo nos dejó como una ventana entreabierta hacia el futuro, a la que esta muestra, en la actualidad, nos permite acceder a sus posibles “eras imaginarias”.1

  1. Diría José Lezama Lima, quizás.
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